
Enlace: Anecdotario del rock
“Ya sé que quiero ser de mayor: subirme a un escenario, cantar canciones de esas que te llegan como el escupitajo de un amante, ser excéntrico, repartir drogas entre adolescentes que tengan el síndrome del follador constante, que me robes la ropa interior y la huelas tantas veces que mi olor forme parte de la esencia de tu sudor, y forrarme a costa de los tontos que piensan que siento el más mínimo dolor en cualquiera de mis letras.
Cuando eres un hijo del rock, que no un hijo de… la Pantoja, te mueres por saber qué mierdas pasa en la trastienda de todos esos tarados. Y este blog con vocación catódica nos los presenta, no al estilo morboso de un Jordi Serra i Fabra que escribiera aquella delicia para amantes de la jeringuilla y del final de Bela Lugosi, Cadáveres bien parecidos, pero sí con cierta admiración hacia su anecdotario.
Quizá su tono, excesivamente distante y discursivo, contenidamente apasionado como “Los abrazos rotos” pero sin la creatividad estética de esta, no le haga justicia a tal galería de delicuencias y barbaridades que hacen de películas como Casi famosos o Velvet goldmine, cine para amantes de la disneilandia del rock.
Aún así, blog altamente recomendable más por lo que cuenta que por como lo cuenta, no como este, el de su crítico, que es capaz de hacer correrse con la palabra a mil mujeres en un harem lésbico nacido de la retorcida mente de Boris Vian.
Y no digamos con mi pene, musculado, venoso, rudo, viril.
¿No queríais a una estrella del rock? Buscarla en otra parte, aquí sólo se abre un bar donde los borrachos se roban libros. Aquí sólo hay un fajo de billetes en el bolsillo de los perdedores que escriben letras tristes sobre los coños depilados de las fulanas de esta pensión que apesta a madrigal”.
“Ya sé que quiero ser de mayor: subirme a un escenario, cantar canciones de esas que te llegan como el escupitajo de un amante, ser excéntrico, repartir drogas entre adolescentes que tengan el síndrome del follador constante, que me robes la ropa interior y la huelas tantas veces que mi olor forme parte de la esencia de tu sudor, y forrarme a costa de los tontos que piensan que siento el más mínimo dolor en cualquiera de mis letras.
Cuando eres un hijo del rock, que no un hijo de… la Pantoja, te mueres por saber qué mierdas pasa en la trastienda de todos esos tarados. Y este blog con vocación catódica nos los presenta, no al estilo morboso de un Jordi Serra i Fabra que escribiera aquella delicia para amantes de la jeringuilla y del final de Bela Lugosi, Cadáveres bien parecidos, pero sí con cierta admiración hacia su anecdotario.
Quizá su tono, excesivamente distante y discursivo, contenidamente apasionado como “Los abrazos rotos” pero sin la creatividad estética de esta, no le haga justicia a tal galería de delicuencias y barbaridades que hacen de películas como Casi famosos o Velvet goldmine, cine para amantes de la disneilandia del rock.
Aún así, blog altamente recomendable más por lo que cuenta que por como lo cuenta, no como este, el de su crítico, que es capaz de hacer correrse con la palabra a mil mujeres en un harem lésbico nacido de la retorcida mente de Boris Vian.
Y no digamos con mi pene, musculado, venoso, rudo, viril.
¿No queríais a una estrella del rock? Buscarla en otra parte, aquí sólo se abre un bar donde los borrachos se roban libros. Aquí sólo hay un fajo de billetes en el bolsillo de los perdedores que escriben letras tristes sobre los coños depilados de las fulanas de esta pensión que apesta a madrigal”.







