domingo 31 de octubre de 2010

Diálogos absurdos: 27

- Doc.
- ¿Sí, joven Skywalker?
- ¿Cómo me ha llamado?
- Es verdad Pedrito, estás envejeciendo.
- Qué cabrón.
- Pero desnudo gano. ¿Qué querías preguntar?

Ahora la lluvia. Doc fumando y una copa a media mañana. Me pregunto si le arderá el estómago o si todo ese alcohol le da la lucidez que a mí me falta.

- Hace mucho que no habla de blogs. ¿Sucede algo?
- No. ¿Qué debería suceder?
- Pues no lo sé, porque sucede que usted era crítico ácido y mordaz, y resulta que últimamente la única mordacidad que respira debe de ser entre las piernas de alguna de esas señoritas que llama.

Una calada densa, un café en una película en blanco y negro. No le veo como a Bogart o como a Cary Grant. Tampoco diría que es Robert Mitchum aunque un día me confesara que sentía fascinación por Macao y por Jane Russell a pesar de no considerarla una actriz. Después de todo –me diría-, tampoco lo fue Ava Gardner.

- ¿Adónde quieres llegar Pedrito?
- Los blogs.
- Ah, los blogs.
- Sí, los blogs. Usted escribía críticas.
- Es cierto. Siempre sobre el mismo arquetipo de blog. El mismo cretino que quiere que se hable de él aunque sea mal para conseguir visitas, lo que no está mal si lo haces un par de veces o tres. Luego está el otro arquetipo, el del artista que cree que el puto y jodido dios se ha follado a su madre y ha dado a luz a un geniecillo. Ya sabes: gente que levanta la moderación de comentarios no sea que alguien con menos conciencia que yo le diga lo que realmente piensa de la mierda que escriben. Y no nos olvidemos de Los sentimentales, aquellos que directamente follan con dios y se creen que tienen línea directa con lo divino, como si retorcer el lenguaje y abrir el diccionario buscando palabras que nadie usa fuera sinónimo de poesía. No hace mucho una Sentimental en un salón de actos me preguntó con una de esas sonrisas de me cepillo los dientes cada mañana: “¿Tú tienes blog?” Y te prometo que estuve a punto de responder: “Sí, mi blog se llama Dexter y el tuyo es un insulto a la inteligencia y merece morir”. Pero fui prudente y dije que no sabía escribir.
- No se lo creería.
- Ya lo creo si se lo creyó. Puse esa sonrisa de cimitarra y supongo que se dio cuenta de que sus poemas eran al arte como un impotente a un actor porno.
- ¿Por eso no critica blogs?
- No.
- ¿No?
- No.
- ¿Por qué no lo hace?

Me gusta ver el balcón lleno de humo, su copa bajando en el vaso. No sé por qué hay mujeres que ven en la autodestrucción algo romántico. Supongo que es como un viaje del que no sabes si vas a regresar y cuyas sensaciones son lo único verdadero que habrá en ti. Porque sabes que no hay nada falso en quien es consciente de su mortalidad.

- No lo hago porque ya lo he hecho. Sería como repetirme, y repetirse es de mal gusto. No quiero cantar la misma canción, y como diría tito Kundera: “La historia del arte no resiste las repeticiones”.

Un trago y un cielo gris casi a mediodía, como el humo del Rick’s café y una corista cantando una canción que me huele a la lluvia.

- ¿Ya no habrá más críticas?
- ¿Estás de broma? El mundo entero es un péndulo que oscila entre lo ridículo y una risa. Pedrito, ¿me has visto follar alguna vez con la misma puta? ¿He marcado el mismo número buscando a la misma mujer?
- Pues, Doc, algunas veces.
- Eso fue porque el polvo perfecto requiere al menos dos o tres, puede que cuatro encuentros. Después de ese polvo perfecto tienes que moverte entre otras piernas, y otras bocas, y otros nombres distintos que olvidas aún cuando no seas capaz de olvidar a qué huelen. Su perfume, Pedrito, es la esencia de todo. Lo es de esta copa y de este cigarrillo que se consume. Lo es de esta lluvia.
- Vale, lo que quiera, pero marcó el mismo número.
- Sí, y también estoy aquí, en la misma centralita.
- Aunque tiene nombre de whisky.
- ¿El qué?
- Cada martes, su centralita. Somos de polvo blanco y dorado.

Entonces se ríe. Es extraño verle reír porque sólo le hemos oído reír sin saber qué aspecto tiene. Entonces todo se relaja y se marcha con el humo y el frío y la humedad de la lluvia. Porque allí quedamos, como quien echa una partida de cartas o ve en un charco una parte del mar.

lunes 6 de septiembre de 2010

Diálogos absurdos: 26

- Doc, usted no está ni medio normal. Mañana vuelve a hablar en riguroso directo en la emisora con nombre de whisky, y ni siquiera ha movido el culo del sofá en todo el fin de semana.
- Estoy escuchando grandes canciones, Pedrito. ¿Hay mayor placer que ese? Además, para oírnos y entrar en el Chat en directo sólo tienen que mirar a la derecha de este nuestro blog, ya sabes, donde pone el horario del programa y donde dice Chat, tampoco es tan jodidamente difícil.
- Bueno, pues juraría que para usted su mayor placer son las putas y masturbarse en los baños públicos de los cafés antes de empezar una conferencia.

Doc se incorpora, como si se levantara de una nube.

- Pedrito, no me recuerdes esa escena. Me cago en toda la puta que la parió: era la poetisa más mierda que he conocido en mi vida, y encima me habían untado pasta gansa por hablar bien de ella. ¿Te imaginas que tiene un blog? ¡Me cago en su puta vida! Menos mal que estaba buena y que la mamaba mejor que Renata…
- ¿Renata?
- Sí, ¿no te hablé de Renata? Una puta brasileña que me follé en un club de alterne. Me cago en el cielo, estaba para escribir un poema sobre esa vagina depilada y húmeda.
- Doc, mañana Cris y Xavi “La Voz”, ya sabe, usted le bautizó como el Sinatra de la radio, estarán donde tienen que estar y usted… bueno, usted la verdad es que siempre tiene que entrar borracho y… en su línea.
- Pedrito, Pedrito, deberías relajarte más. ¿Te presento a Renata?
- No.
- ¿No?
- No.
- Te siento tenso.
- Doc, ¿no ha preparado nada para mañana?
- Soy un genio Pedrito, ¿qué tengo que preparar? Calla y escucha esta canción, mañana por la noche las nenas se mojarán las bragas, el viento soplará aún más suave que el perfume de una buena fulana. Madrid arderá con nosotros… bueno, conmigo, tú eres un perdedor.
- Deme de beber.
- ¿Whisky?
- Mañana por la noche, Doc.

Mañana por la noche, repetí, como si algo grande fuera a suceder. Como si mañana noche pudiera convertirme en él. Como si me desearan como le deseaban. Entonces vino la música, y con ella, el alcohol y todas esas mujeres de las que hablaba, como si esta noche no volviera a repetirse nunca.

lunes 2 de agosto de 2010

Diálogos absurdos: 25

Abro la puerta, un cerrojo suave como el olor de un niño. El pasillo huele lento, como una oración. Cierro tras de mí, un chasquido leve, un silencio. Oigo mis propios pasos cuando abro la puerta que da la entrada al salón.

- Doc, vaya, qué silencioso.
- Calla, Pedrito, cojones, que estoy estudiando.
- ¿Estudiando?
- Sí, cojones, estudiando. ¿Qué parte de mi idioma no entiendes?
- Perdone Doc, es que hace unas semanas, cuando le dieron vacaciones en la radio con nombre de whisky, le sorprendí fregando los platos.
- ¿Me estás llamando afeminado? –levanta la mirada que se clava como alfileres una tarde de acupuntura sádica.
- No Doc, los dioses me libren. Seguramente fregó los platos porque se sintió libre de su yugo viril y al estar de vacaciones pensó: voy a hacer cosas que nunca hago.
- ¿Ahora aprendes sarcasmo Pedrito?

Vuelve a mirarme, como si quisiera atravesar mis pensamientos, ser el aire que me traspasa y quedarse con algo de mí.

- ¿Yo, Doc? Nunca.

Me siento. El verano huele en mi camisa, el calor entrando por las rendijas de las persianas.

- ¿Qué estudia Doc?
- Supervivencia.
- ¿Un manual de supervivencia?
- No, Pedrito. Estudio catalán.
- ¿Qué? ¿Cómo? –le pregunto perplejo.
- Pedrito, Franco ha vuelto y ha nacido en Cataluña, uy, que digo con la eñe, ¡que me castran vivo!: Catalunya, Pedrito, Catalunya.
- Doc, ¿ha perdido la cabeza?
- ¡Que vaaaaaa! Me siento iluminado, Pedrito. Con Franco se prohibía todo, como en Catalunya: el burka, hablar en castellano en medios públicos, los toros, que los taxis pongan una bandera española, sólo si es española, si es de la república de san su puta madre, no, que no es española y por tanto sería válida, y para rizar el rictus de la ironía psiquiátrica, las muñecas vestidas de flamenca, y ya puestos, a Bertín Osborne, que tiene apellido de toro, no se les vaya a pegar algo. Lástima que no prohíban la gilipollez. ¡Se prohibirían a sí mismos!
- Si a usted se la pela, no le gustan los toros, y ha usado la bandera española para limpiarse restos de semen cuando ha yacido con alguna prostituta.
- Sí, es cierto, pero lo he hecho ejerciendo mi libertad, y no la pantomima de un resentido que no folla ni con putas.
- Doc, debería dejar el consumo de drogas.
- Pedrito, no me jodas: ¡debería volver a consumirlas! Por eso aprendo catalán, porque seguramente acaben fusilando a quien diga que es de otra provincia ajena, ¿o debería decir nación? Bueno, da igual, Franco ha vuelto, y el asunto es supervivencia Pedrito, supervivencia: todos los regimenes totalitarios, toda nación que pierde su sentido del humor, acaba siendo prohibitiva y destructora con lo que no va con el pensamiento único, un Abel cobarde y fariseo a favor de todos esos señores y señoras cabreados con sus vidas, incapaces de entender la risa, su levedad, su deliciosa borrachera.
- Supongo que sí Doc.
- Es así Pedrito. Bona nit.
- Bona nit, Doc.

Vuelve a su estudio, y es entonces cuando le comprendo. Abro un libro de Keroauc y me pierdo en él, pensando en un viaje que no tiene regreso, en la risa de quienes juegan al billar una tarde cualquiera, aún libres de todo, antes de que el mundo que conocemos vuelva a transformarse en la dictadura de dios.

lunes 21 de junio de 2010

Diálogos absurdos: 24

- Doc, ¿cree usted que…?
- No.
- ¿No?
- ¿Hay eco Pedrito?
- No. En una habitación llena de videos porno creo que el eco se ahoga en sus gargantas.
- Profundas.
- Sí Doc, muy profundas.
- Mis videos ni se tocan Pedrito, ni se tocan. Son como las estampitas de la virgen de una beata.
- ¿Entonces no cree que ell…?
- No Pedrito, olvídalo, ni de coña, ni por asomo, ni aunque se acabara el mundo mañana o lo predijera Nostradamus o la madre que parió al jilguero.

Me levanto y voy hacia la ventana. Me gustan las ventanas en tardes así: es el principio del verano, es el santo de mi creador, Doc está sereno porque apenas lleva dos botellas de whisky sin hielo y una de vodka con un belga, los niños no juegan en el parque porque están todos viendo la televisión, un par de desarraigados van a ver una película al cine club de esas que tienen letras y hablan en un idioma que nadie, salvo los que hablan el idioma, entienden.

- ¿De qué va a hablar mañana Doc?
- De las calles que tomaremos.
- No diga, Doc, ¿nos vamos de manifa? Córcholis, siempre he querido ir de manifa.
- Pedrito.
- ¿Sí?
- ¿Pero qué mierda de lenguaje es ese? ¿Ha salido tu foto en un periódico del siglo XIX o algo?
- Bueno… yo…
- Tomaremos las calles, arderán las ciudades Pedrito. Se quemarán los mares y se secará la arena de todos los desiertos como soles. Gritaremos, joder si gritaremos. La hierba a nuestro paso se apartará, las montañas inclinarán sus cumbres para que todos pasemos, corriendo y gritando Pedrito: corriendo y ardiendo.
- ¿Ha tomado drogas recientemente Doc?
- Pedrito…
- Doc…
- Deja de cascártela con revistas porno de mil novecientos veinte. Mañana por la noche el mundo entero sabrá de pasiones, deseos, países fragmentados, leyendas aún más antiguas que la puta y jodida evolución humana. Pedrito…
- ¿Sí?
- Mañana nos vestiremos con capas hechas de espuma de mar, todas las putas se convertirán en musas, bueno, las putas ya son musas en sí, y si no que se lo pregunten a Klimt. Pedrito: mañana voy a destrozar el Romanticismo.
- No joda.
- Jodiendo es como se destroza.
- Romanticismo…
- El inglés.
- ¿Y cree que…?
- No Pedrito.
- ¿Ni siquiera después de…?
- No.

Enciende un puro, un aroma intenso, como de cristal quemado, denso, humo que se agarra al humo, y se recuesta en su silla forrada de cuero y olor a betún de un limpiabotas de Lousiana.

Yo me pierdo en la ventana, una puerta hacia algún otro lugar, ella tendiendo la ropa o el viento avivando la hoguera, lejos de aquí, tal vez ahí, en Camelot.

lunes 14 de junio de 2010

Diálogos absurdos: 23

- Diosdiosdiosdiosdiosdiosdiosdiosdiosdiosdiosdiosdios…. ¡¡¡Diosssssssssssssssss!!!
- Doc, Doc, Doc: tranquilícese, deje de sudar: beba algo. No. No beba agua, voy por alcohol de farmacia.
- No Pedrito, no –jadea, se sienta. Es un sofá confortable, tipo imperial-. Estoy abrumado, joder, aún me duele la polla. Dios Pedrito, mi glande parece un puto semáforo en rojo que nunca pasa a verde, y sólo parece ámbar porque me palpita.
- Pero Doc, ¿se puede saber que ha hecho?
- Pedrito, dime –me mira con ojos de Hannibal Lecter después de haber pensando en comerse un sorbete de seso-: ¿hay vida más allá de las putas?
- ¿Cómo? … ¿Eh? … ¿Cómo… cómo dice?
- Pedrito, cojones, la pregunta es más fácil que leer un blog mediocre.
- Doc: claro que hay más vida después de las putas.
- Pues he descubierto el paraíso, el Nirvana, el Shangri Lá. ¿Existe de verdad ese lugar descrito por Frank Capra en Horizontes perdidos? Ah, Pedrito: esta semana he visto como cada día de mi vida pasaba ante mí como un poema de amor y penetración que nunca cesa. El vaivén de las olas, los daikiris, las pajitas sobre los daikiris, absorber de la pajita…
- Doc: despierte. ¿De qué habla?
- Iban desnudas.
- ¿Quiénes?
- Ellas, todas ellas.
- ¿Ha estado bajándose películas porno otra vez?
- No Pedrito, eran ellas: desnudas, inmensas. Sus pechos colgando, esas glándulas mamarias llamando mi lengua como a un sereno por la noche cuando has perdido la llave.
- Usted delira. ¿De eso nos va a hablar este martes en la Radio con nombre de whisky?
- ¿Hablar? ¿Quién puede hablar del cielo, de la tierra prometida? ¿Podría alguien, amigo mío? ¿Podría?
- Bueno, está claro que usted ha debido consumir alguna sustancia, aunque lo normal es que las consuma con más frecuencia que Sherlock Holmes.
- En absoluto: ellas iban desnudas, ellos también, pero no me fijaba demasiado en sus… atributos.
- ¿En sus atributos?
- En sus pollas.
- Oh.
- Sólo ellas que ib…
- Espere.
- ¿Qué?
- ¿Dónde ha estado hay arena?
- Sí.
- Alguna roca, ya sabe, en una esquina o algo así.
- Alguna. Esquinas también, putas ninguna, que supiera.
- Y mar.
- Sí, ¿esto es un test Pedrito?
- Doc: ha estado en una playa nudista.
- ¡No me jodas!
- Doc, era una playa nudista.
- Mierda, ¿miraban raro mi palo siempre haciendo guardia en la puerta de Josefina cuando Napoleón se iba a hacer campaña por esa razón?
- Sí.
- Joder, diosdiosdiosdiosdiosdiosdiosdios…
- ¿Qué?
- ¡¡¡¡¿No follaré gratis con ninguna?!!!!
- Me temo que no, Doc.
- Pedrito, mañana haces tú el programa.
- ¡Pero qué dice loco! Soy tímido, y además, fumo, fumo muchísimo.
- No me importa.
- Carraspeo constantemente, y toso, vaya si toso Doc… cofff… coffff… ¿Ve? Y se me pone esa voz nasal, como de gangoso. No vhe oyhe… ehto es un monthodn de miedda… ¿No ve cómo no puedo imitarle?
- Puedo aceptarlo.
- Hablaré de uno de los blogs que más le gustan y le fascinan, y lo echaré todo a perder cuando empiece a tartamudear, a encender cigarrillos compulsivamente, a oírse de improviso el sonido de una guitarra rota. Todo el mundo sabrá que Maine habrá perdido muchísimo cuando lea sus textos y usted querrá asesinarme por haber mancillado su sagrada literatura.
- Te perdono.
- Doc: usted es gay.
- Nadie es perfecto.