lunes 2 de agosto de 2010

Diálogos absurdos: 25

Abro la puerta, un cerrojo suave como el olor de un niño. El pasillo huele lento, como una oración. Cierro tras de mí, un chasquido leve, un silencio. Oigo mis propios pasos cuando abro la puerta que da la entrada al salón.

- Doc, vaya, qué silencioso.
- Calla, Pedrito, cojones, que estoy estudiando.
- ¿Estudiando?
- Sí, cojones, estudiando. ¿Qué parte de mi idioma no entiendes?
- Perdone Doc, es que hace unas semanas, cuando le dieron vacaciones en la radio con nombre de whisky, le sorprendí fregando los platos.
- ¿Me estás llamando afeminado? –levanta la mirada que se clava como alfileres una tarde de acupuntura sádica.
- No Doc, los dioses me libren. Seguramente fregó los platos porque se sintió libre de su yugo viril y al estar de vacaciones pensó: voy a hacer cosas que nunca hago.
- ¿Ahora aprendes sarcasmo Pedrito?

Vuelve a mirarme, como si quisiera atravesar mis pensamientos, ser el aire que me traspasa y quedarse con algo de mí.

- ¿Yo, Doc? Nunca.

Me siento. El verano huele en mi camisa, el calor entrando por las rendijas de las persianas.

- ¿Qué estudia Doc?
- Supervivencia.
- ¿Un manual de supervivencia?
- No, Pedrito. Estudio catalán.
- ¿Qué? ¿Cómo? –le pregunto perplejo.
- Pedrito, Franco ha vuelto y ha nacido en Cataluña, uy, que digo con la eñe, ¡que me castran vivo!: Catalunya, Pedrito, Catalunya.
- Doc, ¿ha perdido la cabeza?
- ¡Que vaaaaaa! Me siento iluminado, Pedrito. Con Franco se prohibía todo, como en Catalunya: el burka, hablar en castellano en medios públicos, los toros, que los taxis pongan una bandera española, sólo si es española, si es de la república de san su puta madre, no, que no es española y por tanto sería válida, y para rizar el rictus de la ironía psiquiátrica, las muñecas vestidas de flamenca, y ya puestos, a Bertín Osborne, que tiene apellido de toro, no se les vaya a pegar algo. Lástima que no prohíban la gilipollez. ¡Se prohibirían a sí mismos!
- Si a usted se la pela, no le gustan los toros, y ha usado la bandera española para limpiarse restos de semen cuando ha yacido con alguna prostituta.
- Sí, es cierto, pero lo he hecho ejerciendo mi libertad, y no la pantomima de un resentido que no folla ni con putas.
- Doc, debería dejar el consumo de drogas.
- Pedrito, no me jodas: ¡debería volver a consumirlas! Por eso aprendo catalán, porque seguramente acaben fusilando a quien diga que es de otra provincia ajena, ¿o debería decir nación? Bueno, da igual, Franco ha vuelto, y el asunto es supervivencia Pedrito, supervivencia: todos los regimenes totalitarios, toda nación que pierde su sentido del humor, acaba siendo prohibitiva y destructora con lo que no va con el pensamiento único, un Abel cobarde y fariseo a favor de todos esos señores y señoras cabreados con sus vidas, incapaces de entender la risa, su levedad, su deliciosa borrachera.
- Supongo que sí Doc.
- Es así Pedrito. Bona nit.
- Bona nit, Doc.

Vuelve a su estudio, y es entonces cuando le comprendo. Abro un libro de Keroauc y me pierdo en él, pensando en un viaje que no tiene regreso, en la risa de quienes juegan al billar una tarde cualquiera, aún libres de todo, antes de que el mundo que conocemos vuelva a transformarse en la dictadura de dios.